Hay una curva de la que poco se habla, pero que también viene aumentando: la curva del malestar psicológico.

La misma responde a palabras como: siento angustia, tengo miedo, me pesa la incertidumbre, no controlo la ansiedad, me cuesta concentrarme, estoy sin ganas, no puedo dormir, no doy más con todas las demandas, siento que voy a explotar, hasta cuando??!…

Hay datos que dan cuenta de esto:

Casi el 70% de los participantes experimentaron malestar psicológico a los 50-55 días de cuarentena obligatoria.

El porcentaje de participantes con alteraciones del sueño era de 73,7% en los primeros días de cuarentena. En los últimos ya es del 76,06%, según una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología, sobre 3181 casos.

Otra encuesta realizada por Conicet/Ineco/Universidad Favaloro al finalizar la primera semana de aislamiento, sobre 10.053 argentinos de 18 a 84 años, establecía que un 33% manifestaba alguna condición compatible con una posible depresión.

Estos datos están hablando de lo más importante que tiene una organización: su gente. Y cuando digo su gente incluye desde sus líderes hasta la primera línea de trabajo. Esto nos atraviesa a todos. No hay roles que se queden a salvo de este largo y difícil esfuerzo de adaptación a un mundo distinto para el que nadie estaba preparado.

Es imprescindible empezar a instrumentar “protocolos” que ayuden a la gente a sentir que no está sola en esto. Que el teletrabajo no consiste solamente en trasladar la silla y la PC a la casa. Que esto conlleva más esfuerzos que facilidades. Que volver a la oficina o atender al público va a despertar un miedo que tendremos que enfrentar y que no se soluciona solo con el distanciamiento social y el alcohol en gel.

Que además del cuerpo para cuidar, hay una mente que siente, que piensa y que se está esforzando en un intento de adaptación como nunca antes. Que necesita que la escuchen y la ayuden a entender qué le pasa y cómo afrontar de manera más saludable estos tiempos.

Nuevas situaciones requieren de nuevos conocimientos y nuevas estrategias de afrontamiento. Si no tenemos esto en cuenta, las consecuencias psíquicas serán tan nocivas como el virus mismo.

Como dicen los maratonistas: “Los primeros 22 km te lleva tu cuerpo. Los últimos 20 los logra tu mente”.